Sin duda un álbum debut insólito. Sólo tiene diez temas, y digo sólo, porque se hacen cortos. Cuenta con la ventaja de que no hay ninguna canción de relleno. Es un disco de esos de los que lo pones y lo dejas sonar, porque no hay ninguna pista que te apetezca saltar. El cantautor gallego (Ferrol) afincado en la capital, ha sabido combinar letras muy curradas con una música que llega y llena de matices las canciones.El primer corte, “Quiero ver”, es ya una buena carta de presentación para lo que se avecina, con unos cambios de ritmo que le dan mucha fuerza. El segundo tema, “Marinero”, una emotiva dedicatoria a Ramón Sampedro. En “Luna de Santiago”, capta mi atención los encabalgamientos ejecutados con maestría al encajarse a la perfección con la melodía. Se observan desde las primeras canciones temáticas que van a ser constantes en todo el trabajo, entre las que destacan las continuas referencias al mar, haciendo gala de su origen, el verano (y sus pasiones y desilusiones), el paso del tiempo y algún pequeño guiño a las drogas.
Y llegamos al cuarto tema, “Y no te quiero tanto”, sin duda, la mayor joya del trabajo. Puedes notar como toma tu corazón con fuerza y lo retuerce hasta exprimir los sentimientos.
“Baleo” es otro de mis temas favoritos, tal vez mal colocado en el compacto. Pero no por estar en el ecuador, sino porque queda algo eclipsado por el que le precede. Es el regalo a la paciencia. Tontxu presta su voz en “Números cardinales” (además de producir el disco), preciosa y tranquila, donde se hace un juego de palabras-números con el mérito de no ser nada forzado y de bastante inteligente.
“A día de hoy” es uno de los temas más eléctricos y, adentrándonos en la recta final del disco, nos encontramos con la segunda colaboración, la de Paco Cifuentes en “Aún te recuerdo”. “Visa para un beso” es la que más huele a single. Ritmos pegadizos, eléctricos. Sin duda más cerca del pop-rock. Para terminar, “A oscuras”, poco instrumentada al principio, muy personal y tres minutos impecables. Luego hay otros tres minutos instrumentales, que la verdad, se hacen algo largos.
Se puede decir que es un disco algo atípico, porque consigue un sonido definido, un estilo propio, muy maduro para ser el primero. La colección de canciones harán las delicias de los amantes de las letras personales que nos hablan más de desamores que de amores, donde la tristeza y melancolía son aderezadas con grandes dosis de esperanza. Andrés sabe cómo conjugar música con fuerza y tocar la fibra sensible.
En definitiva, un disco que no te puedes perder.
PD.- Abajo os dejo una muestra.









1 comentarios:
Es un disco increíble! No me canso de oirlo.
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